Juan Antonio Tula es agente de seguridad, todos los días va a al trabajo en bicicleta. Se aburre mucho. Duerme solo cuatro horas por día y su labor lo aburre. No le gusta la “chapa” y al momento de custodiar, asegura: “Siempre quedo en segundo plano”.
- ¿Cuantas horas trabajas por día?
- 8 horas.
- ¿Siempre se trabaja de a dos?
- No, son tres turnos de ocho horas.
- ¿Tenés algún franco?
- Si, el viernes o el sábado pero yo no elijo elige la empresa. En realidad, un fin de semana me toca viernes y otro sábado.
- ¿Y qué hacés en tu día de descanso?
- Nada, me quedo en casa con mis chicos, tengo dos. Carolina de cinco y Marcelo de once.
- ¿Trabajas para una empresa?
- Sí, “Seguridad profesional” se llama. Pasa que en la empresa tenés seguridad. Todos los meses te van a dar un sueldo y si lo haces pro tu cuenta, a veces tenés trabajo y a veces no.
- ¿Estuviste en garitas que no sean de empresas?
- Sí, y también es como acá. Se van rotando, turnos de ocho oras. Un franco por semana. Es todo igual.
- ¿Cuál es tu reacción si ves algún movimiento raro?
- Yo tengo el Nextel para llamar a la oficina y a la policía. Nosotros no estamos armados. Hay garitas que sí. Pero la mayoría tienen armas y no están autorizados a usarla. Los únicos que están autorizados a usar armas son los custodios, que van patrullando y siguen a algún auto o algún camión.
- Y bueno, vos tenés acá la bici…
- (risas) NO, con está me vengo de casa…esta es mi patrullero.
- ¿Vivís muy lejos de acá?
- Sí, San Fernando. Pero voy en el tren con la bici.
- ¿Te da miedo tu trabajo?
- No, porque vos sabés que si venís acá es porque tenés que estar para ellos. Osea tenés que cuidar tu puesto y tu trabajo nada más. Yo quedo en segundo plano.
- ¿Sentís responsabilidad?
- Y si…pero bueno, es un trabajo, que se yo. Yo lo elegí, sabía lo que me iba a pasar acá si me llegaba a pasar algo, pero bueno. No hay otra cosa.
- ¿Y Vos lo elegiste porque “no hay otra cosa” o porque te gustaba?
- No, lo elegí porque a mi me gusta trabajar de noche y busque trabajos en fabricas y no había nada y justo tire un montón de curriculums y me salio esto y me dieron la oportunidad de trabajar de noche y bueno… Aparte acá estoy tranquilo.
- ¿Porque te gusta trabajar de noche?
- Porque sí, Me queda el día libre. Mal que mal puedo trabajar porque estoy edificando mi casa y a la noche no podés hacer nada de eso.
- ¿Tuviste trabajos similares?
- Y sí… trabajé en porterias, yo era el encargado de un edificio. Cuidaba, hacia limpieza. Osea el que mantenía el edificio. La diferencia con esto es que allá tenés mas responsabilidad porque yo en el edificio en el que yo estaba eran diez departamentos y son diez familias que vos enes que cuidar que no les pase nada, que no entre nadie raro, así como acá. Pero allá se quema alguna lámpara y tenés que estar ahí, limpieza del edificio, la seguridad más que nada a la tarde, a la noche. Ser garita es mas tranquilo. Además el turno que me toca a mi es más calmado porque ya a la noche están todos adentro. Tranquilo, tranquilo.
- ¿Te aburrís?
- Si, si, mucho. Pero nada, escucho la radio, nada raro. Pero el tiempo pasa además yo me mensajeo con compañeros o con gente conocida a la noche que también trabaja de noche y para no quedarnos dormidos a veces nos mensajeamos con el celular.
- ¿Lees o ves la tele que tenés ahí?
- No, no. La tele no me gusta y radio, bueno escucho acá. Y en mi casa a veces escucho porque la vecina pone la música a todo volumen ósea que no me queda otra que escucharla.
- ¿Cómo te acercaste a este tipo de trabajo?
- No, osea, me anoté porque era lo único que había, me llamaron y bueno, acá estoy.
- ¿Tenés algún conocido?
- No, pero tengo parientes policías. Bueno vendría a ser casi lo mismo, porque ellos también están en la calle.
- ¿Vos pensaste en ser policía?
- No, no…nada que ver, no. No me gusta la chapa.
- ¿Vos registras todo? Quién entra, quien sale…
- (risas) Todo, no se salva nadie acá. Yo conozco la vida de todas las personas. Osea, vos ves el auto que dobla allá en la esquina y ya sabés quien es viste. Los ruidos de los coches y las puertas ya las conocemos. También es como que la gente ya te conoce. Mal que mal, estoy de noche, pero a veces estoy de día y es como que ya me fueron conociendo. Está todo bien. Igual estoy más cerca de lo que la gente piensa.
- ¿Tenés vacaciones?
- Sí. Tuve vacaciones. 15 días.
- ¿Y cómo es ese quiebre de la rutina?
- Uy…me descanse todo. Igualmente estuve casi cinco meses sin trabajar haciendo changas, decí que no las pude trabajar las vacaciones si no las trabajaba. Tuve mucho tiempo de descanso. Me quede en casa.
- ¿Pasás tiempo con tu familia?
- Si, si. Yo hace siete mes que estoy en esta garita y la verdad que me vino al pelo porque mi señora también consiguió trabajo y bueno , que es como que compartimos los horarios porque yo estoy de noche acá y ella a la noche está con los chicos y yo llego a las siete y a la ocho de la mañana ella se va a trabajar y viene a las seis de la tarde y yo a la ocho de la noche ya salgo. Osea casi tres horas del día con ella pero compartimos momentos y lo disfrutamos.
- ¿Cuándo dormís?
- En realidad, yo salgo de acá y me acuesto recién a la una y media dos de la tarde. Estoy acostumbrado a dormir cuatro horas nomás. Si duermo más me agarra dolor de cabeza…Soy como Neustadt (risas).
- ¿Vos estás fijo en esta empresa?
- Si, si. Nadie me cambia. No, acá los tres que estamos acá, estamos fijo. Mi compañero que está acá hoy viene viernes, sábado o domingo para cubrirnos el franco a nosotros. Igual, nos llevamos re bien aunque nos veamos un ratito.
- Si te dan la posibilidad de cambiarlo por otro trabajo, ¿por cual lo cambiarías?
- Cambiar de trabajo, no sé. Tiene que ser un trabajo que esté en lo que yo hago. En un edificio, como portero. Pero lo pensaría porque para trabajar en un edifico tengo que estar todo el día y acá yo estoy bien. Por lo menos me queda todo el día libre. Tengo un franco que mas o menos encaja en los días que uno siempre pretende, viernes o sábado. Y bueno, por eso…
- ¿Y qué proyectos a futuro tenés con este trabajo?
- No, ninguno. Las veces que hice proyectos siempre me salieron mal así que…prefiero seguir así.
lunes, 26 de noviembre de 2007
“LAS VECES QUE TUVE PROYECTOS ME SALIERON MAL”
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El MALEVO QUE LE CARGABA EL BANDONEON A TROILO
ALEJANDOR MUÑOZ, ENTRERIANO, RADICADO EN BSAS., EN LA REPUBLICA DE SAN TELMO.
TANGUERO, AMIGO DE TROILO, PORTERO DE TACONEANDO.
INTRAVISTADO EN 2007
Tiene casi 80 años, lo llaman el Malevo Muñoz, en homenaje a Carlos de la Pua, aquel poeta del tango y del lunfardo. Pero este Malevo, de perfil bajo y humilde, tiene muchas historias para contar. Reacio a dar notas a los grandes medios, aceptó charlar con Intravistas y compartir una pizza en lo del Tío Felipe, en San Telmo, su barrio, el barrio del tango.
El apodo se lo puso un grande del tango, Anibal Torilo, a quien el Malevo le cargaba el bandoneon en cada presentación. Además, trabajó como portero en Taconeando y se dio el gusto de escribir su propio tango.
En este caso, es mejor escuchar que leer. Su voz tan particular nos acerca a ese universo tanguero que resulta lejano a muchos y cercano a tantos otros. Por eso, escuchar para ver de cerca...
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viernes, 23 de noviembre de 2007
CON LA MOCHILA A CUESTAS
INTRAVISTADOS EN 2006
Son los familiares de caídos durante la guerra de Malvinas. Hace un poco de más de 24 años que se unieron para honrar a sus seres queridos y asegurar que se los recuerden como verdaderos héroes. La dedicación y el tiempo que le brindan, hace que muchos hablen de la comisión como si fuese su “otra familia”.
En un viejo y prestado edificio de la calle Montevideo un grupo de padres, hermanos, hijos, esposas, tíos y abuelos, se encuentran semanalmente para continuar una lucha que comenzó 24 años atrás, cuando obligados por el dolor de la perdida que les había dejado la guerra de Malvinas, buscaron la manera de honrar a todos sus familiares que murieron luchando por la Patria.
Así nacía entonces La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur, que actualmente tiene alrededor de 614 miembros adheridos- todos familiares directos según el estatuto- pero que planea ampliar sus integrantes permitiendo la incorporación de amigos de caídos o gente externa que quiera simplemente participar.
La Comisión se fundó en 1982, pocos meses después de finalizada la guerra a partir de la falta de información que tenían sobre sus familiares caídos y sobre lo sucedido allí en Malvinas. De a poco comenzaron a contactarse y juntarse unos con otros, hasta llegar a lo que es hoy: “La única organización con reconocimiento jurídico a nivel nacional y con reconocimiento institucional a nivel internacional”, subrayó su presidente, Héctor Cisneros, hermano de Mario Cisneros, uno de los soldados muerto en combate.
En la sala del primer piso Cisneros habla pausado pero seguro, entusiasmado por contar sus logros y el cumplimiento de sus objetivos: “La idea de crear una comisión surgió porque había una gran falta de información sobre las muertes de nuestros seres queridos. En ese momento me di cuenta de que tenía dos opciones: O me iba a llorar a mi casa o agarraba la mochila y comenzaba a caminar”. El camino a recorrer era largo, él lo sabía, pero finalmente tomó una decisión: “En septiembre, un mes después de la guerra, ya tenía elegido el nombre para la comisión que iba a formar”, relata este hombre que desde hace 24 años dedica la mayor parte de su tiempo a la entidad.
Los integrantes de la Comisión tienen bien claros los objetivos que plantea la Entidad y los recitan casi de memoria cuando se les pregunta por ellos: “Nuestra misión es honrar la memoria de los que murieron; colaborar para que los caídos y ex combatientes sean reconocidos por la sociedad argentina como héroes, y velar por la recuperación de Malvinas como una causa justa”, remarca César González Trejo, un ex combatiente que está permanente en contacto con la institución y es uno de sus principales colaboradores.
Para Cisneros los objetivos toman más vuelo y se enuncian como una propuesta que involucra a todos los argentinos: “Queremos recuperar la idea del bien, del honor, del patriotismo, de la dignidad, y la mesura que tuvieron esos jóvenes que con solo 19 años, fueron a pelear y se quedaron allí para siempre. Hay que valorar que nos dieron lo más preciado que tiene una persona, que es la vida”.
Entre pitada y pitada que Cisneros daba ansiosamente a su tercer cigarrillo, agregaba: “Todos hablan de la historia argentina y nombran a San Martín o a Güemes, pero nadie habla de un Mario Cisneros, de un Agustín Araujo o un Marcelo Daniel Massad, que fueron soldados que también dieron la vida por nosotros”.
Por diferentes motivos, todos coinciden que La Comisión se convirtió en un segundo hogar para aquellos que no tenían con quién compartir tanto dolor. Allí encontraron gente que comprendía lo que sentían. Este es el caso de María Fernanda Araujo, hermana de Agustín, un joven de 19 años que cayó en Monte Longdon cuando ella tenía sólo 10 años. Desde hace un tiempo sus padres viven en Entre Ríos, y fue por eso que La Comisión de a poco se fue convirtiendo en su “otra familia”, el lugar donde comparte su angustia y se siente contenida. “Yo heredé esto de ser parte de La Comisión de mis padres, en mi casa, y hoy trato de transmitirles a mis hijos todo lo que me enseño su único tío, que los esta cuidando desde el cielo: ser una buena persona y llevar con orgullo el ser argentino”, relata María Fernanda, que hundida en el orgullo y la nostalgia, cuenta que a su hijo le puso el nombre de su hermano para honrarlo.
Delmira Cao, además de ser la secretaria de la comisión, es la mamá de Julio Cao, un maestro, soldado de La Matanza caído en Malvinas. Delmira confiesa que la posguerra fue dura. “Mi marido falleció al poco tiempo, y mi otro hijo, Roberto, murió seis años después porque contrajo SIDA. No fue fácil seguir”, explica con tono maternal, casi como si estuviera contando un cuento de ficción que nada tiene que ver con su pasado. “Yo me hice miembro de la comisión en el año ´90, después de la muerte de mi segundo hijo, quien me había insistido para que me uniera a la comisión. De la familia enorme que éramos, habíamos quedado sólo mujeres, y él se daba cuenta de que si le pasaba algo la comisión me iba a ayudar, me iba a dar la contención que yo necesitara. Y así fue”, continua el relato mostrándose agradecida. “Al principio mi hija y mi nieta no estaban de acuerdo con que yo forme parte porque les parecía era remover demasiado dolor. Pero con el tiempo comprendieron que me hacía bien, que me daba mucha fortaleza”, dice orgullosa de la decisión que tomó en ese momento.
Tanto Cisneros como Fernanda coinciden en que la ausencia de sus seres queridos les produce mucho dolor, pero fue ese dolor el que los unió y poco a poco lo convirtieron en amor. “Aunque uno no quiera después de pasar por lo que vivimos, se tiene bronca y rencor, uno recurre a la eterna pregunta de ¿porqué mi hermano?, ¿porqué mi hijo?, ¿porqué mi papá? Pero ese sentimiento el que nos reunió y nos llevó a convertirlo en obra”, confesó Maria Fernanda, mientras buscaba el apoyo de su compañero Cisneros. Sobre este tema César Trejo completó muy seguro: “Es un duelo personal, pero que termina en una reflexión colectiva. Ellos saben que son sus hijos, pero ya no les pertenecen, porque sirvieron al país, y pasaron a ser una cuestión de todos los argentinos”.
La comisión ha logrado con los años realizar distintas actividades y proyectos para cumplir con sus objetivos. Sin duda para ellos su logro más importante, hasta la fecha, fue la construcción del Monumento a los Caídos en el Cementerio Argentino de Darwin, en la Isla Soledad, y la producción, junto al INCAA, del documental “Locos de la Bandera”. Para esto debieron sortear muchos obstáculos y trabas, desde lo burocrático y económico, hasta el prejuicio de la gente. Así lo cuenta María Fernanda: “Para la gente, todo lo que proponíamos desde la comisión era una locura. Cuando íbamos a las canchas con la bandera argentina para juntar plata para los viajes y para el monumento, la gente nos llamaba “Los locos de la bandera”, frase que después se transformó en el título del documental”.
Ya han realizado 22 viajes en homenaje a los Caídos en las Islas Malvinas, y dos a la zona donde fue hundido el Crucero “General Belgrano”. “Hicimos viajes a colegios, recorrimos el país con la Virgen de Luján, la madre espiritual de nuestros hijos, e intentamos juntar gente para darles charlas. Actualmente organizamos una exposición en San Telmo con objetos, que cada familia tiene de los caídos en la guerra”, enumera orgulloso Osvaldo Massad, padre de Marcelo, joven que murió cuando iba camino a avisarle a su compañía que debían replegarse.
A pesar de estar formada por más de 500 miembros, Massad afirma que en la comisión “todos son uno”, pero para tener una estructura prolija, debieron crear un reglamento, por eso César González Trejo asevera que “la comisión tiene un estatuto fijo, como toda personaría jurídica, donde hay un presidente, un vicepresidente, etc.” Aunque el paso del tiempo les demuestra que esa unión para la lucha sigue y se afianza año tras año, también es ese mismo tiempo el que pide que el mandato se traslade a los hijos de los caídos, que no son muchos en proporción a la cantidad de padres, pero seguramente renovaran las energías. “Yo ya estoy de vuelta en todo esto, son muchos años de lucha y el invertir tanto tiempo supone dejar de lado muchas cosas” expresó fatigoso Héctor Cisneros. Tras años de existencia y con las espaldas cansadas de cargar con la simbólica mochilla de la lucha, la comisión asegura continuar trabajando para combatir el olvido e inmortalizar los nombres de sus seres queridos.
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sábado, 10 de noviembre de 2007
“LA POLÍTICA ES UNA OPCIÓN DE VIDA, MÁS ALLÁ DE LOS COSTOS Y LOS BENEFICIOS”

Pedro Guastavino estuvo detenido durante toda la última dictadura militar, hoy, a 30 años continúa pensando en la forma en la que lo hacía en esa época.
INTRAVISTADO EN 2006
Pedro Guillermo Guastavino es el vicegobernador de la provincia de Entre Ríos desde 2003, año en que acompañó a Jorge Busti en su candidatura como gobernador. Durante la última dictadura militar, Guastavino estuvo detenido durante seis años, prácticamente todo el transcurso del gobierno de facto.
En su casa de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, donde sólo vive los fines de semana cuando su trabajo en la gobernación se lo permite, es dos hombres a la vez. Por un lado, el jefe de familia que juega con sus perros, que son más de cuatro, y por el otro, el político, que no puede dejar un minuto el teléfono celular lejos, ya que suena todo el tiempo. Dicen los que lo conocen que jamás dejaría a una persona sin atender, siempre escucha lo que todos tienen para decirle.
Tomando mate y fumando, en pijama, comienza a relatar tranquilamente lo que fue su experiencia en la militancia política en la década del ’70, “Milité en la Juventud Peronista durante todo el ’73, el ’74 y en el ’75 se puso todo muy pesado y me tuve que ir de La Plata, y antes del golpe ya estaba en Santa Fe, obviamente con problemas de seguridad porque había persecuciones y debíamos cuidarnos muchísimo”.
Entre mates y llamados al celular sigue relatando sus vivencias “Yo trabajaba en un comedor y volvía tarde a la pensión donde vivía, una noche apareció de imprevisto un grupo de tareas, todos de civil, y nos llevaron detenidos, a mí, a mujer de ese momento y a otra pareja que vivía allí, nos trasladaron al centro clandestino de detención La Casita, naturalmente encapuchados y esposados. En La Casita estuve veinte días desaparecido, donde fui interrogado y torturado, luego me legalizaron y estuve en Coronda, Caseros, La Plata y Rawson, en agosto del ’82 me liberaron, después de la guerra de Malvinas”.
Cuando hace un silencio y fija la vista, da la sensación de que todo lo que ha vivido le vuelve a la mente de pronto, y empieza a contar lo que pasó con sus hermanos, “Mi hermano mayor estuvo detenido durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, luego lo liberaron y un mes antes del golpe lo volvieron a detener, hoy continúa desaparecido. Mi hermana menor vivía en La Plata y militaba en la Juventud Peronista, el 22 de diciembre de 1976 la mataron en la calle. Yo me enteré de esto recién en febrero del año siguiente, cuando mis padres pudieron comunicármelo por medio de un familiar de mi madre que era coronel del ejército en ese período”.
Llegado el momento de la entrevista en que se le pregunta por las causas que llevaron al golpe, se acomoda en la silla y cambia su actitud, “Todos sabíamos lo que iba a venir, había conciencia de que iba a haber un golpe militar y que iba a ser muy duro, muy cruel, pero creo que nunca nos hubiéramos podido imaginar semejante capacidad de daño, pienso que ha superado claramente cualquier tipo de imaginación”, y luego, afirma convencido “Yo no creo que la gente haya apoyado el golpe, me parece que creían que no tenían nada para defender, que no había razones para salvaguardar el gobierno de Isabel, no me parece que haya sido un apoyo y que por eso deba considerárselo un golpe cívico-militar, más allá de que haya habido fracciones que si lo sostuvieron, como empresarios, algunos sectores de la iglesia y hasta del periodismo mismo, que todavía hoy, a 30 años no lo reconocen, no han realizado la suficiente autocrítica, pero más allá de eso rescato la sociedad argentina que creo que hoy tiene bien en claro el Nunca Más”.
Cuando ya casi está terminando la nota y se le pregunta porque eligió continuar en la actividad política, da la impresión de que podría hablar durante horas sobre esta decisión “Es una opción de vida que uno tomó hace mucho tiempo, para uno la política siempre fue y es una de las actividades más nobles del ser humano, porque significa que hay que trabajar por el bien común, la política es servicio y es la única herramienta que tienen los pueblos para luchar contra situaciones de injusticia, no existe otra. Ya desde muy chico asumí esta cuestión así que lo voy a seguir haciendo, es el compromiso que tomé con el país, inclusive sin medir los costos ni los beneficios, ya que los costos que he pagado son mayúsculos en cuanto a los beneficios, lo que no me hace cambiar de opinión, es una opción de vida".
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viernes, 19 de octubre de 2007
EVA, LA DAMA DE HIERRO
EVA KLAUBER, INMIGRANTE EUROPEA
INTRAVISTADA EN 2006
Nació en Alemania, en el seño de una familia de origen judío, que debió huir de su país antes de que los atrapara el régimen Nazi. Vivió en España unos años, pero cuando se desató la Guerra Civil escapó a Holanda. Como quería “conocer el mundo”, vino a la Argentina, donde encontró el amor y se quedará por siempre.
En un hogar para abuelos de origen europeo ubicado en Carapachay, provincia de Buenos Aires, vive Eva Klauber. A simple vista, queda al descubierto su origen nórdico, por la blancura de sus cabellos y la palidez de su piel. Esta señora que en un mes sumará 82 años a su vida, deslumbra por su lucidez y jovialidad. Desde chica su existencia estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial, la persecución racial por su origen judío, la Guerra Civil Española, la fragmentación de su familia debido a las innumerables huidas y sus ganas de conocer el mundo.
-Cuénteme de su infancia Eva. ¿Usted dónde nació?
-Mi vida ha sido movida porque yo nací en Alemania, en Berlín, nada menos. Con mi familia tuvimos que huir de los Nazis cuando yo era chiquita porque mi padre era de origen judío. Aunque no era religioso, debimos escapar porque para Hitler valía el origen.
-¿Cómo fue esa experiencia de dejar todo y escapar?
-No fue fácil Mi papá era ingeniero y tenía su fábrica, pero dijo “nos vamos”. Hizo bien, porque nos ahorramos mucho dolor de cabeza y mucha tristeza también.
- ¿Y dónde fueron?
- Yo tenía nueve años cuando huimos a Cataluña, España, a un lugar de la Costa Brava donde ahora está lleno de turistas. Es la continuación de la Costa Azul de Francia, ¡Un sitio hermoso!. Nos mudamos con los muebles, que era lo único que pudieron llevar mis padres, porque a pesar de que éramos una familia adinerada, los nazis no dejaban llevar nada de dinero.
- Fue un “volver a empezar”.¿Cómo salieron adelante?
-Vivíamos en un pequeño puerto, donde había mucha industria corchera. Mi padre llevó a su mejor amigo, que era ingeniero y con dos familias parientas que se unieron trataron de armar una nueva empresa, pero no fue fácil. Además, nos agarró la Guerra Civil. Era la guerra de Franco, el revolucionario, contra el Gobierno legal.
-Entonces, de nuevo, su padre tomó la decisión de huir a un lugar seguro…
-Sí, nos trasladamos a Holanda. Mi mamá tenía una hermana mayor que residía allí y le dijo “venite con los chicos”. Así que mi papá hizo el sacrificio y se quedó en España para que no nos robaran lo último que teníamos.
Eva se pone melancólica. Sus pequeños ojos celestes se llenan de lágrimas, que no derrama porque sufre de una enfermedad ocular. Es evidente que el recuerdo de su padre la entristece.
-Todavía veo a mi padre pobrecito, parado delante de mí. Se quedó en la estación y tosía mientras nosotros nos alejábamos. Lo veo de lejos, desde el tren. Y no lo vi más porque murió, justo seis semanas antes que los alemanes invadieran Holanda y arrasaran con todo.
-Cuénteme de su vida en Holanda…
-Allí me crié la mayor parte de mis estudios, vivía en una ciudad en los alrededores de Ámsterdam. Yo soy ciudadana holandesa, es mi patria, ya que Alemania no sirvió de ninguna forma para mí como recuerdo. Dicen que hay que perdonar pero no olvidar.
-Me imagino que se refiere a los horrores que cometió el Nazismo…
-Sí, a nosotros nos pasaron muchas cosas, parte de la familia de mi padre fue a los campos de concentración porque eran de origen judío. Toda la generación joven nos fuimos al exterior. Los mayores de aquella época eligieron quedarse para no ser una carga de sus hijos, que comenzaban la vida en otro país. Sin embargo, nadie se imaginó lo que iba a pasar con los campos de exterminio donde murieron 6 millones de personas.
Se nota que “tuvo una vida movida” y que hay mucho para contar. En su habitación del hogar, en donde duerme sola por elección, hay muchas fotografías, que luego Eva se encargará de mostrarlas y contar acerca de cada una de ellas. Entre pregunta y pregunta interrumpe el relato para hablar acerca de su facilidad para los idiomas y se jacta de hablar español, alemán, francés e inglés “a la perfección”.
-¿Cuáles fueron las circunstancias que la trajeron a Argentina?
-Yo era secretaria ejecutiva de una firma holandesa que tenía varias sucursales por el mundo. Después de la guerra le confesé a mi jefe que me gustaría conocer otros lugares y me dijo que el director de la empresa en la Argentina había pedido una secretaria que hablara alemán y español.
- ¡Y usted era perfecta para el puesto!
-Sí, aunque primero dijeron que yo no podía viajar sola porque, en ese entonces, existían todavía las leyes de traficantes de blancas. Una chica blanca no podía viajar sola, sino que tenía que esperar a que viajara un técnico para que la acompañara. Sin embargo, después me dejaron ir sola, aunque bajo el cuidado del capitán del barco.
-Cuénteme acerca de su viaje a la Argentina. ¿Cómo fue la jornada en barco?
-Viajé en un barco carguero porque fue mi elección. Tardé cinco semanas, pero yo quería ver algo del mundo y si iba a en avión estaba de un día para otro. En barco fue mucho mas lindo porque hicimos escala en varios puertos.
Eva sonríe como si se estuviera acordando de alguna picardía. No tarda en confesar el motivo de esa expresión.
-Me acuerdo que hicimos escala en las Islas Canarias, y yo le pedí al capitán si me podía conseguir un racimo de bananas así cada uno podía cortar y comer lo que quería. Son todos lindos recuerdos…
-¿Cómo fue su primer tiempo trabajando y viviendo aquí?
-Cuando llegué a Argentina tenia 24 años. Mi jefe resultó ser un hombre muy pituco, que después lo fueron de la empresa porque era un playboy. Desde el momento que me fui de Holanda nunca más pedí dinero a nadie. Me mantuve sola y también a mi madre cuando se vino a vivir conmigo.
-¿Dónde se alojó?
- Caí muy bien en la Argentina, vine recomendada. Tenía un pariente de parientes que vivía acá, un señor muy pudiente. Primero estuve tres meses con una familia austríaca, un matrimonio sin hijos que quería que yo comiera con ellos porque se llevaban mal, entonces necesitaban alguien como mediador (risas). Y después me fui a vivir a una casa de familia con media pensión donde me hacia el té a la europea, con sándwiches, a mi manera. Hasta el día de hoy nos seguimos viendo, porque soy muy charleta y tengo facilidad para hacerme amigos. El único hijo de ellos nació cuando yo vivía ahí, así que todavía mantenemos la amistad desde aquel tiempo.
Hay una foto de un hombre en su repisa cuyo rostro se repite en otras fotografías. Eva cuenta que es su marido, George, quien era oriundo de Checoslovaquia. Se conocieron en Argentina, ya que ambos trabajaban para la misma empresa.
-George era experto en molinos, y en la empresa trabajaban con productos para mejorar la harina. Él junto con el jefe que mandaron de Holanda fueron los que fundaron la sucursal en Argentina. También, con un ingeniero y con Bunge y Born trabajaron con un producto, cuyo nombre es para romperse la lengua, que era para la agricultura
-¿Se pusieron de novios al poco tiempo de conocerse?
-Mi marido se enamoró de mí desde el primer día. Tenía un matrimonio muy infeliz porque su mujer le era infiel y lo engañaba por todos lados, y yo era exactamente lo contrario de su mujer. Su ex mujer tenía unos años más que yo, pero era muy guapa, así que me siento honrada de que mi marido me haya elegido a mí.
-¿ Y cómo era usted?
-Yo era una chica europea sin experiencia de hombres, y aunque parecía chiquilina, de tonta no tenía nada. Además, soy más que fiel y eso fue lo que le atrajo a él de mí.
Hablar sobre su marido hace que Eva relate una catarata de experiencias, como que tenían una casa en Tigre, el fanatismo de George por las lanchas (hasta que se accidentó y ella le prohibió el deporte para siempre), la bondad de su marido, que lo hacía muy vulnerable para los negocios y miles de anécdotas más que convierten su vida en una historia apasionante.
-¿Nunca pensaron en la posibilidad de tener hijos?
-Eso de esperar 15 años los papeles del divorcio de mi marido para casarme, me costó los hijos. Ya después tenía 40 años, y en aquella época a esa edad no se tenía hijos. Además, mi marido empezó a tener serios problemas de salud.
Hace un año que Eva vive en el hogar. Desde la muerte de su marido comenzó a buscar un sitio donde se sintiera cómoda para vivir y donde respetaran sus costumbres europeas. Se nota que es una mujer feliz, quien vivió su vida con mucha intensidad. Hoy, disfruta visitando las ferias que se realizan en el Club Húngaro de Vicente López, saca fotografías con una cámara que adquirió en un viaje a Estados Unidos y viaja en tren a Capital Federal cada vez que siente ganas de pasear.
CRONOLOGÍA DE UNA VIDA AGITADA
-En 1924 nace Eva Klauber en Berlín Alemania, en una familia de origen judío. Es la única mujer, entre dos hermanos.
-A los nueve años, huyen del Nazismo y se instalan en Cataluña, España. Allí aprende a hablar Español.
-Dos años después se desata la Guerra Civil en España, por lo que Eva escapa junto su madre y hermanos a Ámsterdam, Holanda. Su padre se ve obligado a quedarse para cuidar sus bienes, pero muere seis meses después y nunca volvió a reunirse con su familia.
-Eva se gradúa en Holanda y comienza a trabajar como secretaria ejecutiva en una firma con sedes en el exterior. Como tenía ganas de conocer el mundo pide el traslado.
-En 1948, tras cinco semanas en barco, Eva arriba a la Argentina. Vive por un tiempo en la casa de un matrimonio y luego se instala en otra casa donde todavía permanece amiga de los dueños.
-Viene su madre desde Holanda para instalarse junto a Eva en Capital Federal. Al mismo tiempo, la joven rompe su contrato con la empresa holandesa y se convierte en secretaria privada de un pariente suyo que también reside en este país.
-Conoce a su marido George, un ingeniero que trabajaba con ella en la firma. Él era un hombre casado, con un mal matrimonio. Cuando se separa, esperan quince años para casarse, ya que George no recibía los papeles de su divorcio.
-Su madre viaja a Alemania a visitar a su hijo mayor, pero fallece allí a causa de una neumonía. Eva se traslada a Europa para el funeral.
-Su marido se enferma del corazón, por lo que Eva se hace cargo del trabajo de George. Unos años después, él muere.
-En el 2005 Eva se muda al Hogar para ancianos europeos en Carapachay, que le recomendó la sociedad holandesa. Allí vive feliz y hace planes de viajar este año a Estados Unidos para visitar a su hermano menor.
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jueves, 18 de octubre de 2007
ESCAPAR PARA SOBREVIVIR -la experiencia migratoria de un judío polaco-
INTRAVISTADO EN 2006
José Drutman es judío polaco y llegó a Argentina en 1950, a los 35 años. Se escapó a la Unión Soviética cuando comenzó al Segunda Guerra Mundial. En 1945 fue movilizado al ejército polaco y al terminar la guerra fue a Italia por tres años. Un tío lo convenció de ir a Argentina, a donde entró ilegalmente desde paraguay.
Cuando nació, en 1915 en Polonia, jamás imaginó que estaría hoy en Argentina contando los vaivenes de su historia. En su casa, sobre una mesa con un mantel verde, como las de los casinos, Jose Drutman, con sus 91 años, relata orgulloso el largo camino que lo condujo hasta Buenos Aires. Los anteojos oscuros que tiene puestos no permiten ver si sus ojos se llenan de lágrimas o si parpadea, pero hay momentos en que su voz quebrada revela su emoción.
Nació el 27 de abril de 1915 en Varsovia, capital de Polonia. “Vivíamos en un departamento de clase media, no era nada lujoso”, describe José y explica que, en ese entonces, en la ciudad vivían muchos judíos, de todas las clases sociales, pero en su mayoría no tenían industrias importantes, casi todos eran sastres, zapateros o hacían carteras. Había muchos templos y los miembros de la colectividad se reconocían por la vestimenta ya que eran religiosos, llevaban sombreros y el pelo y la barba largos. “Casi todos vivían por la zona norte de Varsovia, era como es el barrio de Once acá”, comenta para acercar aquella época a la actual.
-¿Cómo estaba compuesta su familia?
-Éramos mis padres, tres hermanos y dos hermanas. Yo comencé a trabajar a los 15 años como metalúrgico, cuando termine el colegio primario, porque había que aportar a la casa ya que no alcanzaba el dinero. Mi padre trabajaba muy poco y mi mamá no porque éramos 5 hermanos y nos tenía que cuidar. En general, sólo las mujeres sin hijos trabajaban, eran modistas de talleres, hacían de tejido de punto, esas cosas y las más jóvenes eran niñeras o trabajaban en algún negocio.
José agrega que estudiaba Biblia y tradición, iba semanalmente al shil (templo) y festejaba todas las fiestas religiosas. “Ahora solo respeto las fiestas más importantes, Iom Kipur (el día del perdón) y Rosh Ha Shana (año nuevo)”, se lamenta José, a quien pertenecer al pueblo judío lo marcó de por vida.
-¿Por qué decidió irse de Polonia?
-Todo empezó cuando en 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial. En realidad, mi hermana ya había emigrado a París en el 37, tenía allá a su esposo y ya se sentía el antisemitismo tanto dentro como fuera de Polonia. Como mi hermana intuía que se venían tiempos difíciles, nos dijo a mí y a mis hermanos que nos escapáramos. En París había una exposición mundial y permitían ir a turistas, pero al término, tenían que volver a sus países. Mi hermana consiguió, con ayuda de un amigo, que mi hermano se fuera a Londres, donde estuvo cinco años en el ejército ingles.
José también se escapó, pero a Rusia. Con las imágenes de los hechos presentes en su cabeza como si hubieran ocurrido ayer, describe paso a paso como fue su viaje por el mundo. “Fue un día a las 6 de la mañana, después de que me detuvieron, me hicieron trabajar forzadamente y me pegaron, aproveché que estaba cerca de la frontera con Rusia y pasé con cuatro compañeros. Todos los jóvenes que podían se escapaban”, explica. “Fuimos a un pueblo a un kilómetro de la frontera y allá nos detuvieron los ferroviarios alemanes. Nos dejaron hasta la madrugada sin comer, nos pegaron de una manera terrible, por cualquier cosa, y nos hicieron trabajar”, relata José… pero de pronto se frena. Luego de unos instantes de silencio, levanta la cabeza, como anunciando que lo que iba contar era importante, y continúa con su historia: “Estábamos en el medio del bosque, era todo oscuro y hacía frío. De pronto uno de ellos sacó una pistola empezó a disparar hacia el cielo. Dijo que si en 5 minutos no so íbamos, nos mataba a todos. Tenía miedo, no sabía que hacer”, reconoce.
-¿A dónde fueron luego?
-A una zona neutral, pero no era fácil entrar, había gente que estaba esperando hacía días. Después de un tiempo, no se cuánto, un comandante ruso abrió el portón y nos dejo pasar. Ahí empezamos la lucha; en la primera ciudad a la que fuimos no teníamos donde dormir ni que comer, estábamos en la calle y a veces nos daban algo de sopa. Un día salieron avisos para anotarse en unas listas para ir a trabajar a Bielorrusia. Hicimos cola toda la noche, imagínese que toda la gente quería anotarse. Me anoté y fui para allá, había poco trabajo, era un pueblo chico. De ahí, fui a Minsk, que era la capital, donde trabajé en una fábrica de carteras y valijas. Pero cuando estalló la guerra me tuve que ir, porque al estar cerca de la frontera podían bombardear fácilmente.
-¿A dónde se escapó esta vez?
-Me tomé un tren que estaba lleno de gente, y fui hasta otra ciudad más lejana, donde había personas escapando de todas partes. Y ahí de nuevo las listas para ir a trabajar a Liberia o a Uzbekistán. Yo elegí Uzbekistán, pero no pude quedarme en la ciudad principal, estaba prohibido y si veían tu pasaporte, que era distinto al de los nativos, no te daban trabajo, porque creían que eras un espía. Durante ese tiempo me enfermé y estuve internado un tiempo. Había una epidemia a causa de la suciedad y las malas condiciones en se vivía, los hospitales e iglesias estaban llenos de enfermos que morían unos tras otros, a la par de la guerra. Cuando me curé, en los primeros meses del 45, me movilizaron a Polonia a formar parte del ejército polaco. Nos llevaron, junto con otros soldados y sargentos, al crematorio de Maidanek, en Polonia. Ahí habían matado a un montón de gente en las cámaras de gas, fue muy duro.
Cuando terminó la guerra, lo liberaron del ejército y se escapó una vez más, ahora hacia Italia, donde se casó y pasó tres años. Pero la situación ahí también era difícil, vivía en hoteles y no tenía trabajo. “Los italianos nos recibieron muy bien, nos regalaban frutas; pero nosotros no queríamos depender de la ayuda de los demás”, explica José.
-¿Por qué decidieron venir a Argentina?
-Un tío de mi señora, que estaba en Argentina, nos mandó a llamar, pero tuvimos que cruzar en barco hasta Río de Janeiro. De ahí fuimos a Paraguay, donde estuvimos 3 meses y cuando quisimos entrar a Argentina, nos detuvieron en Posadas por cuatro meses. Finalmente ingresamos al país en unas lanchas, tardamos como ocho horas, había gente que esperaba a los inmigrantes y les cobrara para cruzarlos.
-¿Que pertenencias llevaba consigo de lugar en lugar?
-Sólo lo que tenía encima, había que empezar siempre de cero, sin nada.
Cuando llegó a Argentina, le gustó el país. “Argentina no tenía la culpa de lo que me había tocado vivir”, reflexiona. Se instaló con su tío, empezó a conocer gente y aprendió el idioma fácilmente, ya que dice tener “muy buena memoria”. Después de nueve meses, fue con su esposa e hijos a un departamento cerca del negocio de metales de su tío, donde trabajaba. “La primera casa que alquilamos era una tragedia y logramos pagarla porque teníamos pensionados. Después de un tiempo, me encontré con un amigo que había conocido en Río de Janeiro y empezamos a exportar lana a Brasil, así logré alquilar mi primer coche”, cuenta orgulloso.
-¿Cree que era más fácil progresar antes que ahora?
-Si, ahora es todo mucho más difícil. Aunque en esa época yo tuve que hacer todo ilegalmente, porque no pude regularizar la documentación apenas entré, ya que te solicitaban los datos del barco en el que habías ingresado al país, y yo había entrado en negro.
Así luchó toda su vida hasta que se jubiló, dos años después de que su mujer enfermara. “Yo quería estar con ella, y estaba solo con el negocio, así que me jubilé. Ella estuvo enferma 20 años y falleció en el 88”, cuenta con los ojos llenos de lágrimas y agradece por la entrevista ya que le “encanta contar lo que vivió”.
LAS PARADAS DEL CAMINO
-José Drutman nació en Varsovia, Polonia en 1915. Tenía dos hermanas y dos hermanos y trabajaba de metalúrgico para ayudar en su hogar
-Se escapó a la Unión Soviética en 1939, cuando comenzó la segunda Guerra Mundial
-Viajó a Bielorrusia a trabajar en Minsk en una fábrica de carteras y valijas
-Se escapó hacia otra ciudad
-Se anotó para viajar a trabajar a Uzbekistán
-Se enfermó y estuvo internado durante varias semanas
-En los primeros meses del 45, fue movilizado para formar parte del Ejército polaco. Lo mandaron al campo de exterminio de Maidanek
-Cuando terminó al guerra, en 1945, lo liberaron de ejército y escapó a Italia
-Se casó
-Cruzó el océano hasta Río de Janeiro
-Estuvo en Paraguay unos meses
-Lo detuvieron en Posadas, cuando intentaba ingresar a Argentina
-En 1950, por fin pudo entrar ilegalmente al país, en una lancha
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Intravistas
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